sábado, 5 de noviembre de 2011

XXXII Domingo del Tiempo Ordinario Ciclo /A/

Entrada
Sean bienvenidos hermanos a esta celebración en donde el Señor nos recordará que debemos de ser vigilantes para descubrirlo en medio de nuestra vida, para ello estemos dispuestos para empezarlo a descubrir desde ahora en nuestro prójimo, así como en la Palabra y la eucaristía que estemos por celebrar, de pie recibamos la procesión.

Primera lectura (Sabiduría 6,12-16)
El libro de la Sabiduría nos indica que en cada momento de nuestra vida debemos ser sabios, es decir no tolerar la superficialidad y la indiferencia. Escuchemos.

Salmo (Salmo 62, 2-8)
El Salmo 62 eleva un bello canto que refleja la búsqueda de Dios que satisface los deseos más profundos del alma, pues sólo en Dios se encuentra la plenitud de la vida.


Segunda lectura (1 Tesalonicenses 4,13-18)
San Pablo asegura el encuentro definitivo de toda la humanidad con Cristo, dando así ánimo a los cristianos de Tesalónica, veían inminente la última venida de Jesucristo y se preocupaban por la suerte de sus difuntos que verían ese acontecimiento. Escuchemos.


Evangelio (San Mateo 25,1-13)
San Mateo narra la Parábola de las diez vírgenes poniendo de manifiesto que en la vida espiritual hay dos actitudes fundamentales: o se es previsor o descuidado, mostrando así la disponibilidad a la voluntad de Dios. Puestos de pie alabemos a Dios y escuchemos el evangelio.

Salida
Invitados por la Palabra a vivir vigilantes, iniciemos una semana con nuestras lámparas encendidas gracias a esta eucaristía que hemos celebrado y viviendo en la dinámica del amor hacia los demás, mostrando que el Señor está siempre cercano a nuestras vidas.

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